Crónica | «Florencia se rinde al Betis: una final europea por fin verdiblanca»

El Real Betis ha hecho historia. Por primera vez en su centenaria existencia, el conjunto verdiblanco disputará una final europea, tras empatar 2-2 ante la Fiorentina en el Artemio Franchi y hacer valer el 2-1 logrado en el Villamarín. El global de 4-3 clasifica a los de Pellegrini para la gran final de la UEFA Conference League, donde espera el Chelsea, el 28 de mayo en Wrocław, Polonia.

El partido comenzó con respeto mutuo, mucha tensión y pocos errores. Antony fue el primero en avisar, con un disparo que obligó a De Gea a emplearse. Pero poco después, el brasileño desató la locura: en el minuto 27, ejecutó una falta directa magistral desde la frontal que se coló tras tocar en el poste. 1-0 y media ciudad de Sevilla conteniendo el aliento.

Pero la Fiorentina reaccionó de inmediato. Solo tres minutos más tarde, Gosens empató de cabeza tras un saque de esquina perfectamente servido por Mandragora. Los italianos aprovecharon los puntos débiles del Betis en el juego aéreo, y antes del descanso, el alemán volvió a marcar, otra vez a balón parado, para poner el 2-1 y equilibrar el global.

Lejos de venirse abajo, el Betis tiró de personalidad y carácter. No era una noche para lamentos, sino para valientes. Y el equipo de Pellegrini respondió. Con el marcador en contra y el empuje de la Fiorentina envalentonada por su público, los verdiblancos sacaron el alma competitiva que les ha traído hasta aquí.

La Fiorentina, empujada por el Franchi, apretó durante los primeros minutos del segundo tiempo. Gudmundsson fue el más activo en el frente de ataque viola, y generó una ocasión clarísima con un disparo cruzado que Fran Vieites salvó con una mano providencial, una intervención que vale tanto como un gol. Poco después, fue Kean quien estuvo cerca del tercero, rematando un centro lateral que rozó el palo. El Betis sufría, pero no caía.

Y justo cuando el equipo empezaba a asentarse, llegaron los problemas físicos. Bartra, que estaba firmando un partido impecable en defensa, se echó al suelo con molestias. Se temió lo peor, y así fue: no pudo continuar. Entró Nobel Mendy, joven, sin apenas rodaje, pero con una templanza impropia de su edad. Cumplió con creces.

Antony, omnipresente, fue un martillo por la derecha. Lo intentó una y otra vez, ganando metros, buscando centros, forzando saques de esquina. Del otro lado, Abde entró para agitar la banda izquierda, y empezó a desbordar con su habitual mezcla de velocidad y descaro. La Fiorentina lo notó: el Betis empezaba a inclinar el campo.

En los últimos diez minutos, el partido se volvió un ida y vuelta eléctrico. La Fiore tuvo una clarísima en el 85’ con un disparo de Duncan que Vieites sacó con el pie. Acto seguido, Isco conectó una volea a centro de Abde que se marchó fuera por centímetros. No había red. No había control. Solo nervios, vértigo y épica.

El 2-1 se mantuvo, pero el Betis crecía. Con todo en contra. Y cuando el árbitro señaló el final de los 90 minutos, el equipo llegó a la prórroga con la defensa hecha trizas, el físico al límite… pero el corazón intacto.

La jugada que cambió la historia

Con las piernas rotas y el alma intacta, el Real Betis se levantó. Lo hizo después de haber sufrido como nunca y resistido como pocos. Lo hizo después de perder a Bartra en el 57’, sustituido por Nobel Mendy, y tras ver cómo Sabaly tenía que dejar su sitio en el 86’ a Héctor Bellerín, quien también caería lesionado en la prórroga. Pablo García entró en el 113’, y entonces Ruibal, que había ingresado como delantero en el 90’, bajó al lateral derecho. Un puzle de emergencia, repleto de piezas forzadas… pero que encajó como si el destino lo hubiese preparado

Cuando el corazón latía más fuerte que las piernas, cuando el Franchi empujaba y el aire pesaba, el Betis encontró el camino a la gloria. Y lo hizo a partir de una jugada sencilla, directa, pero cargada de fe.

Todo comenzó con un golpeo largo de Vieites, desde su portería. El balón cayó del cielo, y Aitor Ruibal, tras haber entrado como delantero, lo bajó con el pie y lo aguantó con maestría. Rodeado por dos rivales, parecía que la jugada moriría ahí. Pero no. Ruibal controló, giró y, con sangre fría, filtró un pase maravilloso entre dos jugadores de la Fiorentina, al espacio.

Allí arrancó Antony. A toda velocidad, con esa zancada que parte defensas, el brasileño aprovechó el pase y entró en el área como un rayo. Levantó la cabeza, eligió el momento, y sirvió un pase de la muerte perfecto al corazón del área pequeña.

Y Abde no perdonó. Llegó con todo, con alma y con ambición, y empujó el balón al fondo de la red sin titubear. El 2-2 estalló en el marcador, pero también en los corazones de miles de béticos que ya sabían que eso… eso era el pase a la final.

Un golpeo de Vieites. Una genialidad de Ruibal. Una carrera de Antony. Y un remate letal de Abde. Así se escribe una página eterna en la historia del Real Betis.

ARTICULOS RELACIONADOS

Leave a reply

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí