Este viernes 24 de mayo a las 21:00 horas, el Real Betis recibe al Valencia CF en el estadio Benito Villamarín, en el cierre de la temporada 2024/25. Aunque ambos equipos llegan sin urgencias clasificatorias, el encuentro encierra una carga emocional y simbólica nada menor: será el último partido que se dispute en el Villamarín antes de su remodelación, un adiós temporal que obligará al Betis a trasladarse a La Cartuja durante las próximas dos temporadas.
Pero no solo es una despedida. También es el último test de los de Pellegrini antes de la gran final de la Conference League frente al Chelsea. Un duelo que exigirá concentración, ritmo competitivo y solidez, por lo que el técnico chileno no regalará minutos ni permitirá distracciones.
Enfrente estará un Valencia joven, atrevido y sin presión, que quiere cerrar el curso dejando un mensaje claro: hay proyecto, hay cantera… y hay ambición. Los de Carlos Corberán, que han mostrado brotes verdes en esta segunda vuelta, saben que ganar en el Villamarín sería más que tres puntos: sería una declaración de intenciones de cara al futuro.
Portería: Mamardashvili, el muro georgiano

Giorgi Mamardashvili no solo ha sido el portero del Valencia esta temporada. Ha sido su sostén en momentos de apuro, su muro emocional cuando el equipo temblaba, y su mayor garantía competitiva en partidos ajustados. A sus 24 años, el guardameta georgiano se ha consolidado como uno de los grandes nombres de LaLiga bajo palos, combinando talento natural con una madurez impropia de su edad.
Dotado de una imponente envergadura (1,97 metros), Mamardashvili destaca por su capacidad de reacción felina, especialmente en tiros a quemarropa y situaciones de uno contra uno. Su dominio del juego aéreo, gracias a una lectura limpia de los centros laterales y una valentía que no se negocia, le ha permitido corregir errores estructurales de su defensa en más de un partido.
Pero si algo ha impresionado esta temporada es su mejora con los pies y su comunicación con la línea defensiva. Ya no es solo un portero que evita goles; es un líder silencioso que organiza, que avisa, que ordena. Su nivel ha sido tan alto que varios equipos de Premier League y Serie A han mostrado interés, aunque el Valencia se aferra a él como piedra angular de su reconstrucción.
Ante el Betis, Mamardashvili será clave. Se medirá a un equipo que pisa área con frecuencia, que filtra balones interiores con jugadores como Isco, Lo Celso o Cucho Hernández, y que castiga cualquier desajuste con precisión quirúrgica. En ese contexto, la actuación del georgiano puede marcar la diferencia entre un partido plácido o un asedio sin tregua.
Defensa: Juventud y proyección
El Valencia CF ha encontrado esta temporada una línea defensiva con sello propio: joven, física y cada vez más fiable. Carlos Corberán ha mantenido la apuesta por jugadores formados en la casa, rodeándolos de experiencia selectiva que aporta estructura sin frenar la proyección. El resultado: una defensa difícil de superar cuando se siente arropada.
En el eje central, el liderazgo lo ejerce Cristhian Mosquera (20 años), una de las grandes irrupciones del campeonato. Con planta de central dominante y la serenidad de un veterano, Mosquera brilla por su anticipación, limpieza en los cruces y lectura de juego aéreo. A su lado, Mouctar Diakhaby, cuando ha estado disponible, ha sido el complemento ideal: potente al corte, expeditivo y con experiencia en partidos grandes. El guineano da ese punto de fiereza y contundencia que todo eje necesita para imponerse en su área.
Por la izquierda, José Gayà sigue siendo el emblema. El capitán ché aporta criterio en salida, llegada por banda y liderazgo emocional. Aunque las lesiones han reducido su protagonismo esta temporada, siempre que está disponible es intocable por jerarquía y talento.

La gran novedad ha estado en el lateral derecho, donde César Tárrega, central de formación, ha sido reconvertido por Corberán en un lateral de perfil defensivo. Su rol no es subir ni desbordar, sino asegurar el carril, cerrarlo por dentro cuando hace falta y ayudar a sostener el bloque.
Centro del campo | Talento emergente con alma de bloque
Si algo ha definido al centro del campo del Valencia esta temporada es la apuesta decidida por la juventud con personalidad. En un fútbol donde la pausa y el control suelen reservarse para jugadores veteranos, el equipo ché ha confiado en chicos que no superan los 23 años… y que han respondido con creces. Calidad, atrevimiento y sentido táctico, tres ingredientes que explican el buen rendimiento de la medular valencianista.
Javi Guerra (21 años) ha sido el motor. Centrocampista total, mezcla físico, presión y lectura de juego en una fórmula que lo ha consolidado como uno de los talentos más prometedores de LaLiga. Recupera, filtra, rompe líneas en conducción y no se esconde en partidos grandes. Tiene algo que no se entrena: presencia competitiva. Cuando él está enchufado, el Valencia juega a otra velocidad.
Junto a él, André Almeida ha asumido el rol de cerebro creativo. Portugués de escuela, con una zurda elegante y visión panorámica, es el encargado de darle pausa, dirección y profundidad al ataque. Almeida no necesita muchos toques: gira, abre, filtra y aparece en la frontal con veneno. Si encuentra espacio, es capaz de decidir un partido.

Ataque | Gol joven, bandas verticales y fútbol sin miedo
El ataque del Valencia CF esta temporada ha sido un ejercicio de eficacia, movilidad y velocidad, más que de brillo constante o grandes cifras. Carlos Corberán ha encontrado en Hugo Duro a su gran referente ofensivo, y en Diego López y Luis Rioja, dos socios de banda que aportan desborde, intensidad y ruptura.
Hugo Duro ha firmado su mejor campaña como profesional con 11 goles en LaLiga, convirtiéndose en el máximo anotador del equipo y en la punta de lanza de un ataque joven pero incómodo. No es un delantero clásico: no necesita muchos toques, pero siempre está donde debe. Tiene instinto para el gol, se mueve bien entre centrales y su capacidad para atacar el primer palo o aprovechar balones sueltos en el área le ha dado puntos valiosos al Valencia en partidos muy cerrados.

Además, su trabajo sin balón es constante. Presiona, incomoda, fuerza errores y se convierte en el primer defensor. Esa actitud ha sido clave en el sistema de Corberán, donde cada jugador tiene un rol táctico que va más allá del brillo individual. Hugo lo ha entendido a la perfección.
Por las bandas, Diego López ha sido uno de los jugadores más desequilibrantes. Con tan solo 22 años, ha dado un paso al frente: vertical, rápido, explosivo y con descaro en el uno contra uno. Siempre busca el área rival, ya sea en conducción o atacando el espacio. Le ha faltado regularidad en la definición, pero su aporte en metros ganados y capacidad para estirar al equipo ha sido incuestionable.
En la otra banda, Luis Rioja ha sido el último en llegar, pero se ha adaptado con rapidez al ecosistema ché. Jugador de recorrido, con más experiencia que Diego, ha aportado orden táctico, desborde controlado y llegada desde segunda línea. Puede jugar más pegado a banda o como interior abierto, y ha sido muy útil para darle pausa o acelerar según el momento del partido.

Entre los tres, han conformado un frente ofensivo que no desborda por cifras, pero sí por intenciones y trabajo colectivo. No son jugadores de focos, pero sí de impacto. Y ante un rival como el Betis, que deja espacios cuando se proyecta, pueden tener oportunidades si el Valencia logra lanzar las transiciones con precisión.
Y desde el mercado invernal, Umar Sadiq ha sido la nota diferencial. Cedido por la Real Sociedad, el nigeriano ha encajado como un guante en el sistema de Corberán: físico, agresivo y oportunista, ha aportado goles y presencia en el área. Ha anotado 5 tantos en 15 partidos ligueros, además de dejar buenas sensaciones en Copa. Su altura, zancada y potencia lo convierten en un recurso muy valioso cuando el equipo necesita un perfil más directo o busca castigar en segundas jugadas.
Eso sí, su futuro es una incógnita: la cesión incluye una opción de compra cercana a los 9 millones de euros, pero el club aún valora si ejercerla o renegociar el acuerdo. Mientras tanto, Sadiq sigue respondiendo con goles… y con hambre.
Entre todos, han hecho del ataque ché un bloque incómodo. No es brillante, pero sí efectivo y competitivo. Y en partidos como el del Villamarín, donde cada error se paga caro, su capacidad para castigar al espacio puede marcar la diferencia.
Últimos enfrentamientos
10/11/2022 (LaLiga): Valencia 3-0 Real Betis
23/11/2024 (LaLiga): Valencia 4-2 Real Betis
20/04/2024 (LaLiga): Valencia 1-2 Real Betis
01/10/2023 (LaLiga): Real Betis 3-0 Valencia
04/06/2023 (LaLiga): Real Betis 1-1 Valencia
Claves del partido
El Valencia no es un equipo que abrumen por volumen ofensivo, pero tiene en Hugo Duro un delantero incómodo, insistente y eficaz. El madrileño no solo ha sido el máximo goleador del equipo, sino que también actúa como el primer eslabón de la presión, molestando a los centrales rivales y forzando errores. Para el Betis, neutralizarlo no será solo cuestión de marcarlo de cerca: habrá que impedir que reciba cómodo, que ataque el primer palo o que se desmarque con libertad en los centros desde banda.
Tanto Bartra como Natan deberán estar atentos a sus movimientos en la frontal y dentro del área, y el mediocentro verdiblanco —ya sea Altimira o Cardozo— tendrá que vigilar su tendencia a descolgarse para recibir entre líneas. Un despiste con Hugo suele costar caro.
El Valencia es más peligroso cuando no piensa. Sus transiciones rápidas, su verticalidad y su energía joven florecen en partidos partidos caóticos, rotos, donde el ida y vuelta impone su ley. Por eso, una de las claves para el Betis será imponer su propio ritmo, dominar la posesión con sentido y mover al rival de lado a lado hasta encontrar grietas.
Pellegrini buscará que Isco y Lo Celso manejen el compás, bajen pulsaciones y activen la circulación desde campo propio. Si el Betis logra evitar pérdidas en zonas comprometidas y obliga al Valencia a correr sin balón, será el equipo local quien dicte el guion. Pero si el partido se convierte en una sucesión de transiciones, el talento vertical de Diego López y Luis Rioja puede causar estragos.


