Análisis | Real Betis 2-2 Sevilla FC: Un Betis «empanao»

El Betis dejó escapar un derbi que tenía encarrilado tras marcharse ganando 2-0 al descanso

Jugaba en casa, con casi 70.000 personas empujando desde la grada, en una posición privilegiada en la tabla y con una plantilla, sobre el papel, superior a la de su rival. Ganaba 2-0 al descanso y todo parecía encarrilado. Por eso duele más. Porque cuesta encontrar una explicación que no pase por mirarse al espejo y asumir errores propios. Fallos que son evidentes. Y que, además, ya habían asomado una semana antes ante el Rayo Vallecano.

Tras el gol de Antony, el Real Betis eligió replegarse: bloque medio-bajo, líneas juntas y buscar el zarpazo a la contra. La idea funcionó. El segundo tanto, culminado por Fidalgo tras una transición vertiginosa, fue una obra de precisión. Pero con el 2-0 llegó el primer gran error: renunciar al balón. En vez de dormir el partido con posesión, el equipo cedió terreno y permitió que el reloj dejara de ser aliado.

Celebración de Antony, autor del primero gol del derbi.

Un paso atrás difícil de entender

Tras el descanso, el repliegue fue aún más evidente. De bloque medio-bajo a bloque bajo. Cada vez más cerca de su portería, cada vez más lejos del control. El Sevilla FC empezó a sentirse cómodo, a ganar metros y confianza, explotando una de sus virtudes: los centros laterales. En uno de ellos llegó el 2-1, con un remate llegando desde atrás que encendió definitivamente el partido.

Desde los banquillos también se movían fichas. El Sevilla detectó que Abde estaba desbordando en el uno contra uno y reaccionó con un lateral más experimentado para frenarle. Lo consiguió. Al mismo tiempo, los cambios visitantes revitalizaron su banda izquierda, mientras el Betis no encontraba respuestas. Ruibal quedó expuesto, sin demasiadas ayudas, y por ahí llegaron tanto el primer golpe como el definitivo empate.

Aitor Ruibal siendo presionado por Suazo.

Sin respuesta

Resultó llamativo que el equipo verdiblanco apenas agotara dos de los cinco cambios disponibles, pese al evidente desgaste y al poderío físico del rival. Pellegrini reforzó el centro del campo cuando el problema estaba en las bandas. Introdujo piernas frescas, pero no cambió la dinámica. El equipo ya no tenía el balón ni la energía para recuperar el control.

Las alternativas existían: reforzar el lateral, pasar a defensa de cinco para proteger el área, introducir más músculo para equilibrar la batalla física o apostar por más calidad para volver a mandar con la pelota. Pero nada de eso ocurrió. El Betis fue perdiendo el pulso del partido hasta dejar escapar dos puntos que parecían asegurados.

En el tramo final, con todo roto, cualquiera pudo ganar. Un disparo al palo, una ocasión salvada bajo palos… Un tiempo para cada uno. Un punto para cada uno. Pero sensaciones opuestas: el Betis, tocado y frustrado; el Sevilla, reforzado y convencido. Porque más allá del resultado, el derbi dejó una sensación clara: uno supo adaptarse mejor a lo que pedía el partido. El otro, no.

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