ANÁLISIS | El Betis rasca un punto en el Carlos Tartiere

El Real Betis viajó hoy a Oviedo con la obligación de empezar a reconstruir sensaciones tras su última decepción, y aunque regresará a Sevilla con un punto bajo el brazo, lo hará con la certeza de que aún queda mucho por ajustar. El 1-1 final retrata un partido áspero, táctico y con fases donde el Betis fue demasiado previsible ante un Oviedo intenso y disciplinado.

Primera parte

Desde los primeros minutos se vio que el encuentro no iba a tener la fluidez que pretendía Pellegrini. El Oviedo planteó un bloque medio-alto agresivo, mordiendo las salidas y frenando cualquier intento de circulación limpia. El Betis, sin demasiada brillantez en la construcción, abusó del pase horizontal y tuvo problemas para conectar con los interiores, quedando desconectado de su línea ofensiva.

El Tartiere empujaba y el Betis parecía no encontrar un ritmo sostenido: pérdidas rápidas, conducciones innecesarias y poca claridad en la primera y segunda jugada marcaron los primeros 45 minutos.

Segunda parte

El guion no cambió tras el descanso y el tanto del Oviedo llegó casi por inercia del partido. El Betis defendió la acción con demasiada pasividad: falta de contundencia en el primer duelo, segunda jugada ganada por el rival y un disparo ajustado que abrió el marcador. El gol fue la consecuencia lógica de un Betis que no encontraba soluciones ni con balón ni sin él.

Ese 1-0 encendió el Tartiere y puso al Betis en una posición que ya empieza a volverse repetida esta temporada: reaccionar a remolque.

Con el marcador en contra, el Betis dio un paso adelante. El equipo ganó metros, apareció más gente por dentro y los laterales empezaron a estirarse. La posesión siguió sin ser brillante, pero el conjunto verdiblanco comenzó a jugar más cerca del área rival y a juntar pases con intención, algo que no se había visto en la primera hora de partido.

El empate nació de esa insistencia: una acción elaborada, con paciencia y cambio de orientación, que terminó con un cabezazo certero para poner el 1-1. El gol fue, sobre todo, un premio al empuje y no tanto al juego.

El tramo final fue abierto y con opciones para ambos. El Betis tuvo balón pero sufrió en cada transición. Un desajuste, una mala entrega o una falta táctica tardía podían definir el partido hacia cualquier lado. En esa franja, faltó madurez para controlar el ritmo y apagar el ímpetu local.

El pitido final dejó una sensación dual: alivio por sumar y frustración por no haber sabido mandar.

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